“¡Americanos, os recibimos con alegría!”: La internacionalización del cine europeo a través del Festival de Cannes
Aunque apuntar el estado de “crisis constante” del cine europeo se haya convertido en un lugar común, es cierto que en los últimos años se le acumulan síntomas de una profunda transformación. En especial desde la crisis del Covid-19 la industria cinematográfica europea se ha enfrentado a la competencia con las plataformas digitales, la disminución de la asistencia a salas de cine o la cada vez más compleja relación que se establece con sus públicos (tanto continentales como internacionales). En este contexto, una de las tendencias determinantes del cine europeo contemporáneo pasa por su creciente interdependencia – industrial y cultural – con Hollywood. Aunque esto queda reflejado en el gran número de películas coproducidas por países europeos y Estados Unidos, una de las mejores formas de observar este fenómeno es a través del Festival de Cannes.
El Festival de Cannes, quizá el más importante del mundo, y el más tradicionalmente europeo (lleva décadas siendo uno de los agentes definitorios de la identidad cinematográfica continental), ha aumentado durante los últimos años su interés por acercar el cine europeo a Hollywood, y viceversa. Se trata de un festival que ha admirado siempre a los autores norteamericanos, y ejemplo de ello son Palmas de Oro tan emblemáticas como Apocalypse Now de Coppola en 1979, Wild at Heart de Lynch en 1990 o Pulp Fiction de Tarantino en 1994. Sin embargo, su aproximación internacional a Estados Unidos se ve, hoy en día, de forma mucho más evidente a través de diversos factores.
Por un lado, se puede observar la presencia del país norteamericano en el festival a través de las películas escogidas para la competencia oficial en cada año. En la edición de 2025, por ejemplo, casi el 30 % de la sección oficial está formada por películas producidas o coproducidas por Estados Unidos, siendo la mayoría films dirigidos por cineastas norteamericanos: Kelly Reichardt, Richard Linklater, Wes Anderson (que ha estrenado sus tres últimas películas en Cannes), Ari Aster… Esta tendencia se puede extrapolar a años anteriores, en los que se ha visto la presencia de Francis Ford Coppola, Paul Schrader, Todd Haynes, o Sean Baker, que entró en competencia oficial con Red Rocket en 2021 y ganó la Palma de Oro con Anora en 2024.
El Festival de Cannes, quizá el más importante del mundo, y el más tradicionalmente europeo (lleva décadas siendo uno de los agentes definitorios de la identidad cinematográfica continental), ha aumentado durante los últimos años su interés por acercar el cine europeo a Hollywood, y viceversa. Se trata de un festival que ha admirado siempre a los autores norteamericanos, y ejemplo de ello son Palmas de Oro tan emblemáticas como Apocalypse Now de Coppola en 1979, Wild at Heart de Lynch en 1990 o Pulp Fiction de Tarantino en 1994. Sin embargo, su aproximación internacional a Estados Unidos se ve, hoy en día, de forma mucho más evidente a través de diversos factores.
Por un lado, se puede observar la presencia del país norteamericano en el festival a través de las películas escogidas para la competencia oficial en cada año. En la edición de 2025, por ejemplo, casi el 30 % de la sección oficial está formada por películas producidas o coproducidas por Estados Unidos, siendo la mayoría films dirigidos por cineastas norteamericanos: Kelly Reichardt, Richard Linklater, Wes Anderson (que ha estrenado sus tres últimas películas en Cannes), Ari Aster… Esta tendencia se puede extrapolar a años anteriores, en los que se ha visto la presencia de Francis Ford Coppola, Paul Schrader, Todd Haynes, o Sean Baker, que entró en competencia oficial con Red Rocket en 2021 y ganó la Palma de Oro con Anora en 2024.

Por otro lado, resulta significativa la presencia de películas-evento completamente hollywoodienses, estrenadas fuera de competición, pero a las que se le otorga suma importancia: el espectáculo de aviones para estrenar Top Gun: Maverick, el estreno de Indiana Jones y el Dial del Destino, o el estreno, este mismo año, del final de la saga de Misión Imposible, son buenos ejemplos de esta tendencia. No son solo blockbusters importantes (una forma de producción creada, impulsada y mantenida por Hollywood), sino que, además, son películas que se cimientan sobre el sueño americano y la grandeza de la industria americana: ejemplo de ello son Indiana Jones y Ethan Hunt, dos de los héroes cinematográficos norteamericanos de la última mitad de siglo, y protagonistas de dos de las sagas hollywoodienses por antonomasia. Son destacables, finalmente, las Palmas de Oro honoríficas otorgadas durante los últimos años. La inmensa mayoría han sido para estrellas de Hollywood: Jodie Foster, Denzel Washington, Meryl Streep, Robert De Niro, Michael Douglas, Tom Cruise y Harrison Ford, estos últimos coincidiendo con sus estrenos respectivos ya mencionados.
Las consecuencias de esta internacionalización pueden verse tanto en la recepción internacional de las películas (europeas y norteamericanas) como en las formas de producción de cine europeo actual. La primera cuestión se observa fácilmente tanto en redes sociales – Cannes es un evento comentado por usuarios de redes como TikTok o X de forma creciente – como en los Premios Oscar, cuya representación internacional (cada vez mayor) viene prácticamente en su totalidad de los estrenos de dicho festival. Ejemplo de ello es la victoria reciente de películas como Otra Ronda, Anatomía de una caída o La zona de interés. La segunda cuestión queda reflejada en el aumento de películas europeas producidas junto a Estados Unidos, o realizadas en inglés con estrellas de Hollywood. Los grandes nombres del panteón autoral continental no son ajenos a esta tendencia. Por ejemplo, Claire Denis, una de las grandes representantes del cine francés de las últimas décadas, con obras como High Life (protagonizada por Robert Pattinson) o Stars at Noon (protagonizada por Margaret Qualley). Otro ejemplo podría ser Luca Guadagnino, que ha producido prácticamente la totalidad de su filmografía con Estados Unidos, con obras ambientadas tanto en Europa como en el país norteamericano: Call Me by your Name, Bones and All, Challengers, Queer… todas ellas con grandes estrellas contemporáneas. Un último ejemplo podría ser Pedro Almodóvar con La habitación de al lado, autoproducida por El Deseo, pero protagonizada por Tilda Swinton y Julianne Moore y ambientada en Nueva York.
Se podría decir, por tanto, que el cine europeo contemporáneo se encuentra (re)construyendo una identidad o una serie de identidades a través de estos caminos alternativos o nuevas propuestas industriales. La voluntad de un cine europeo diverso, y de un público emocionalmente vinculado con el mismo ha sido algo que las instituciones europeas y programas como MEDIA han pretendido desde finales del siglo XX. Hoy en día, quizás, el objetivo principal pase por el mantenimiento de un cine continental potente y el impulso de las industrias cinematográficas a través de su internacionalización. Aquí parece estar el camino que posibilite una mayor apertura de puertas y un incremento de públicos abiertos a lo que el cine europeo pueda ofrecer.
Las consecuencias de esta internacionalización pueden verse tanto en la recepción internacional de las películas (europeas y norteamericanas) como en las formas de producción de cine europeo actual. La primera cuestión se observa fácilmente tanto en redes sociales – Cannes es un evento comentado por usuarios de redes como TikTok o X de forma creciente – como en los Premios Oscar, cuya representación internacional (cada vez mayor) viene prácticamente en su totalidad de los estrenos de dicho festival. Ejemplo de ello es la victoria reciente de películas como Otra Ronda, Anatomía de una caída o La zona de interés. La segunda cuestión queda reflejada en el aumento de películas europeas producidas junto a Estados Unidos, o realizadas en inglés con estrellas de Hollywood. Los grandes nombres del panteón autoral continental no son ajenos a esta tendencia. Por ejemplo, Claire Denis, una de las grandes representantes del cine francés de las últimas décadas, con obras como High Life (protagonizada por Robert Pattinson) o Stars at Noon (protagonizada por Margaret Qualley). Otro ejemplo podría ser Luca Guadagnino, que ha producido prácticamente la totalidad de su filmografía con Estados Unidos, con obras ambientadas tanto en Europa como en el país norteamericano: Call Me by your Name, Bones and All, Challengers, Queer… todas ellas con grandes estrellas contemporáneas. Un último ejemplo podría ser Pedro Almodóvar con La habitación de al lado, autoproducida por El Deseo, pero protagonizada por Tilda Swinton y Julianne Moore y ambientada en Nueva York.
Se podría decir, por tanto, que el cine europeo contemporáneo se encuentra (re)construyendo una identidad o una serie de identidades a través de estos caminos alternativos o nuevas propuestas industriales. La voluntad de un cine europeo diverso, y de un público emocionalmente vinculado con el mismo ha sido algo que las instituciones europeas y programas como MEDIA han pretendido desde finales del siglo XX. Hoy en día, quizás, el objetivo principal pase por el mantenimiento de un cine continental potente y el impulso de las industrias cinematográficas a través de su internacionalización. Aquí parece estar el camino que posibilite una mayor apertura de puertas y un incremento de públicos abiertos a lo que el cine europeo pueda ofrecer.
Author: Jorge Marrero Zapatero is a PhD candidate in Art History, specializing in contemporary European cinema and its identities. He completed his degree and master´s degree with theses that studied American contemporary cinema through the lenses of two important directors, David Lynch and Kelly Reichardt. Currently, he is part of the European Commission’s Horizon project REBOOT.